martes, 16 de noviembre de 2010

Cara a Cara

Dejando a un lado las convenciones a la hora de escribir una carta, no me dirigiré a ti ni tampoco te preguntaré cómo estás, pues hace escasas horas que nos despedimos sin palabras. Aunque no lo diga nunca, estoy segura de que un brillo en la mirada me delata cuando hablo de ti, cuando te pienso, cuando te echo de menos.
Sólo quería escribirte unas líneas para que sepas lo mucho que han significado estos días sintiéndome de nuevo parte de ti, y que me encanta haber podido ver que sigues igual de charlatana, de magnética, y tan llena de vida.

Espero que no pase mucho tiempo hasta la próxima vez. Hasta entonces, yo seguiré teniéndote presente.
Te quiero, Londres.

1 comentario: